Vivir libres


Vivir libres


Cada 28 de junio desde 1970 se celebra el día del orgullo gay en conmemoración de los disturbios de Stonewall en Estados Unidos, la intención, es reivindicar unos derechos que de por sí, son inherentes al ser humano.


Es aterrante la idea de un mundo en el que las libertades no se puedan ejercer.

La tolerancia tiene un límite, la intolerancia. Es repulsivo juzgar sentimientos.


Como país podríamos decir que gozamos de una cierta aceptación a los colectivos LGBTI+, pero no nos podemos sentir orgullosos mientras haya organismos deseando derogar bajo su careta de liberales, las leyes que justa y abiertamente protegen los derechos de personas que históricamente en nuestro país han sido perseguidas y acusadas de padecer enfermedades mentales y trastornos, por amar a personas de su mismo género.


La intolerancia es un cáncer social que aún no tiene cura.

Cada semana se conocen nuevas agresiones homófobas que no predominan las redes sociales y no se les da la importancia que merecen.

Cada día, en colegios, institutos y universidades, en el transporte público o en centros de trabajo, se utiliza un lenguaje que ataca directamente al colectivo con un vocabulario que en lugar de estar normalizado debería ser condenado por la sociedad. ”Maricón”, ”marimacho”, ”bollera”.


Según datos del Observatori Contra l'Homofobia de Cataluña (OCH), en 2020 las agresiones al colectivo aumentaron en un 22,7% , (un total de 189 incidencias) respecto al 2019, que nos dicen que no es un tema aislado. Y parece ser que este año, vamos por el mismo camino.


Como jóvenes tenemos la responsabilidad e incluso la obligación de cambiar esto. Somos el futuro y la revolución, ¿en serio queremos volver al pasado?

La juventud debemos crecer convencidos de que la diversidad es un valor porque las diferencias nos enriquecen y las experiencias nos enseñan.

Vamos a comenzar a plantearnos que el amor no daña y que el odio sí.

Hemos de acelerar el paso rumbo a la libertad y asimilar y compartir que amar nunca debe ser objetivo de crítica.

Nuestra única esperanza; cultura y educación.


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